El viejo y el mar
© por Pablo Virgili Benitez
Descubrí
a Hemingway cuando bordeaba mis 15 años. Fue con una edición de 1975 de ese
clásico del cuento contemporáneo que es “Las nieves del Kilimanjaro”. Ahora,
he vuelto a él, con otro clásico: “El viejo y el mar”.
Santiago
es un anciano pescador que se obsesiona con atrapar a un pez de inmensas
dimensiones. Lleva ochenta y cuatro días consecutivos saliendo a la mar (sí a
la mar, el mismo Hemingway lo dice: “la mar es una mujer: profunda, rica,
insondable, vital”) sin éxito alguno. Un muchacho que le cuida y admira
observa cómo se desgastan las energías del viejo pescador. Tras días en medio
del océano, Santiago logra atrapar a un pez aguja enorme. No cabe en su pequeño
bote y lo amarra a la borda del madero. Los tiburones acechan y en sucesivos
ataques se comen la carne del gigante pez. Al llegar a tierra el viejo
pescador, exhibe como trofeo de guerra el esqueleto del monumental pez. A pesar
de todo, Santiago, el viejo, logra su proeza.
Con
un ritmo narrativo trepidante que te mantiene en tensión página a página, con
una prosa directa, precisa, concisa; sencilla, Hemingway logra una novela corta
(94 páginas) magistral, cimera de la literatura universal. Con ella obtuvo el
premio Pulitzer, máximo galardón de
las letras estadounidenses, y años después le otorgaron el Premio Nobel de Literatura, preciado botín de los escritores.
El libro está lleno de enseñanzas; ambientado en las aguas del mar Caribe, en las cercanías de la ciudad de La Habana, capital de la República de Cuba. Esta, por ejemplo: “Sabía que cuando dice uno una buena cosa posiblemente no suceda”. O esta otra: “Pero el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. Y para quienes afirman que en la obra de Ernest no hay poesía les dejo este ejemplo de la novela en cuestión: “Me alegro que no tengamos que matar las estrellas”.
Para
culminar esta recomendación a leer El viejo y el mar, les comparto la
opinión del Guerrillero heroico, tras leer el libro: “Sí, si debo decir algo sobre los libros en mi vida, mejor aún, sobre
la novela, la poesía, o el cuento en mi existencia, pondré siempre adelante a
ese gringo maravilloso que se llamó Ernest Hemingway, y a ese librito mínimo en
páginas y personajes, pero inmenso en símbolos y verdades que se llama El viejo y el mar” (Ernesto Ché
Guevara).
Por
último, la recomendación sincera, del gran maestro de nuestras letras
latinoamericanas, para quienes aspiran ser escritores y para quienes son ávidos
lectores: “Lee a Hemingway” (Gabriel García Márquez).
Lean El viejo y el
mar, lean a Hemingway.

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