Gabriel (A)
© por Pablo Virgili Benitez
Una pertinaz llovizna caía sobre el asfalto de la
avenida Naciones Unidas. Entramos al Quicentro esquivando la lluvia. Se
presentaba en la librería Libri Mundi la novela Gabriel (A) la más
reciente obra del escritor ecuatoriano Raúl Vallejo.
Gabriela es una transexual que se ve amenazada
constantemente por los efectos de los prejuicios en el estrato social, y en la
manera de actuar, y de rechazar “lo
diferente” de las personas. Se harta de las miradas cortantes, de los
cuchicheos estruendosos y de las ofensas verbales que debe soportar a diario en
las calles de la fría Quito, o en la conservadora y cálida Guayaquil.
En una ocasión la persiguen unos tipos que la acosan. Llega a salvo a su
departamento, pero la obnubilan los recuerdos de las historias de sus otras
amigas transexuales que fueron obligadas a desnudarse, a bailar en un poste y a
soportar disímiles vejámenes. Gabriela es una guerrera, que es atacada con
frecuencia por una sociedad dura, y contundente con lo distinto, con lo
diverso, con lo que se aleja de la norma establecida.
Frecuenta un bar llamado Socios, donde conoce a Miguel, un ejecutivo bancario que ha roto su
relación amorosa con su novia. La atracción entre ambos es inmediata. Lo que
sigue lo irá descubriendo usted al leer la obra; no quiero excederme en
detalles, por aquello de que ahora toda crítica lleva el cartel de: cuidado contiene spoilers.
La obra, con la que el autor ganó el Premio Miguel Donoso Pareja 2018 que concede la Feria Internacional del Libro de Guayaquil está repleta de colombianismos, esas palabras picarescas del lenguaje coloquial colombiano y que le permitirán al lector ampliar su vocabulario. Allí están a modo de ejemplo: conchudo que significa traicionero, mal intencionado, mala persona; guaches: patán, persona ordinaria y soez; pirobo: persona despreciable; entre muchos otros.
Como toda creación literaria Gabriel (A) ostenta frases lapidarias que funcionan a modo de crítica a la realidad en que vivimos, y nos recuerdan que la ficción es un espejo donde se observa el mundo real.“Debemos ser unas nazis muy singulares: somos nosotras
las que sufrimos el acoso, es a nosotras a quienes nos golpean y nos matan cada
vez que a los machos se les antoja, cada vez que se enojan; y después, ante el
cadáver de la mujer de turno, se excusan diciendo que se trata de crímenes
pasionales”. He aquí una veraz descripción de
lo que sufren a diario las mujeres a causa de la violencia machista.
O aquí, donde se refleja el estigma social hacia
las personas transexuales: “Es que cuando una es trans, a fin de
cuentas, solo le queda trabajar de puta o peluquera”.
Y por allí, suelta, entre las páginas de Gabriel
(A) el lector atento descubrirá una frase acertada en todo momento: “Los
políticos son maña y secretos, solo aparecen en días de elecciones”.
Con Gabriel (A) Raúl Vallejo nos regala
una pincelada perfecta de nuestro interior. Es una llamada de atención a
nuestra forma de pensar, una mirada íntima a lo que somos como sociedad. Es una
alerta, un exhorto a que nos detengamos a pensar cómo tratamos a los demás,
porque como dicen los que saben: como trates,
serás tratado.
Lean Gabriel (A). Dense la oportunidad de adentrarse en los entresijos de una novela corta, sencilla en apariencia, pero muy profunda en el fondo, y en la forma. Lean a Raúl Vallejo, es una de nuestras mejores plumas, se los puedo asegurar.
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